Impacto psicológico de los desastres naturales: cómo afectan a la salud mental colectiva

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Introducción

Terremotos, inundaciones, incendios forestales, pandemias o fenómenos climáticos extremos no solo provocan pérdidas materiales y humanas. También generan un impacto psicológico profundo que afecta a individuos, familias y comunidades enteras. En los últimos años, la investigación en psicología ha mostrado con claridad que las consecuencias emocionales de estos eventos no son homogéneas ni transitorias para toda la población.

Aunque una parte importante de las personas expuestas consigue adaptarse con el paso del tiempo, un porcentaje significativo desarrolla síntomas psicológicos persistentes que pueden interferir en su funcionamiento personal, social y laboral. Comprender cómo y por qué se producen estas reacciones es fundamental para normalizar el malestar, reducir el estigma y facilitar respuestas más ajustadas desde la prevención y la intervención temprana.

Definición y contexto actual

Desde la psicología, los desastres se entienden como eventos de alta intensidad que desbordan los recursos habituales de afrontamiento individuales y comunitarios. No se trata únicamente del evento en sí, sino de la combinación de exposición directa, pérdidas sufridas, ruptura de rutinas, desplazamiento forzado y deterioro de los apoyos sociales.

Las revisiones sistemáticas y metaanálisis realizados en las dos últimas décadas muestran un patrón consistente: tras un desastre, aumentan de forma significativa los problemas de salud mental en la población general, especialmente el trastorno de estrés postraumático (TEPT), la depresión y los trastornos de ansiedad. Este incremento no es uniforme y depende de factores como el nivel de exposición, la vulnerabilidad social previa y la recurrencia de los eventos.

En el contexto actual de crisis climática y mayor frecuencia de fenómenos extremos, este impacto psicológico adquiere una relevancia creciente también en entornos europeos, donde tradicionalmente se asumía una mayor capacidad de recuperación comunitaria.

Señales, síntomas e impacto psicológico

Los estudios poblacionales indican que, durante el primer año tras un desastre, entre un 30 % y un 40 % de las personas directamente expuestas presenta un malestar psicológico clínicamente significativo. Aunque los síntomas de estrés postraumático tienden a disminuir con el tiempo, ciertos síntomas perduran más, por ejemplo: Recuerdos intrusivos, hipervigilancia y evitación asociados al evento, estado de ánimo bajo persistente, ansiedad generalizada, preocupación constante y síntomas somáticos, alteraciones del sueño y del apetito o aumento del consumo de alcohol u otras sustancias como estrategia de afrontamiento.

El impacto no es únicamente emocional. La evidencia muestra que los problemas de salud mental posteriores a los desastres se asocian a mayores tasas de baja laboral, desempleo y dificultades económicas prolongadas. A nivel comunitario, pueden debilitar la cohesión social y aumentar las desigualdades preexistentes.

Determinados grupos presentan un riesgo especialmente elevado, entre ellos mujeres, personas jóvenes, individuos con antecedentes de problemas psicológicos, colectivos con menor nivel socioeconómico y personas que han sufrido pérdidas humanas o desplazamiento forzado.

Estrategias de afrontamiento y Comunidad

Es importante diferenciar entre reacciones normales ante situaciones anormales y la aparición de problemas psicológicos persistentes. Tras un desastre, experimentar miedo, tristeza, irritabilidad o dificultades de concentración es una respuesta humana esperable.

Algunas orientaciones generales son:

  • Restablecer rutinas en la medida de lo posible. La previsibilidad diaria favorece la regulación emocional.
  • Cuidar el acceso a información, evitando la sobreexposición a noticias alarmantes o repetitivas.
  • Fortalecer los vínculos sociales, manteniendo el contacto con personas de confianza y redes comunitarias.
  • Atender a las señales corporales, como el cansancio extremo o las alteraciones del sueño, que suelen preceder al malestar psicológico más intenso.
  • Validar las propias reacciones, evitando comparaciones o juicios sobre cómo “debería” sentirse una persona tras lo ocurrido.
  • Apoyar y apoyarse en el entorno Comunitario, aportar a tu entorno en la medida que te sea posible y cuando puedas, y recibir del entorno y pedir ayuda cuando lo necesites, reduce la sensación de soledad, reduce el temor ante la situación, aumenta la esperanza y fortalece los vínculos.

Estas pautas no sustituyen a una intervención psicológica cuando es necesaria, pero contribuyen a reducir el impacto del estrés prolongado y a favorecer procesos de adaptación más saludables.

Acompañamiento psicológico en Donostia

Cuando el malestar se mantiene en el tiempo, se intensifica o interfiere de forma significativa en la vida cotidiana, el acompañamiento psicológico especializado puede resultar clave. En consulta, el objetivo no es únicamente aliviar síntomas, sino ayudar a elaborar la experiencia vivida, recuperar la sensación de seguridad y reconstruir proyectos personales dañados por el evento.

Si resides en Gipuzkoa y sientes que el impacto emocional de una situación crítica sigue presente, puedes contactar para valorar tu caso de manera individual y explorar opciones de acompañamiento ajustadas a tus necesidades.

 

Referencias

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Heanoy, E. Z., & Brown, N. R. (2024, September). Impact of natural disasters on mental health: Evidence and implications. In Healthcare (Vol. 12, No. 18, p. 1812). MDPI.

Newnham, E. A., Mergelsberg, E. L., Chen, Y., Kim, Y., Gibbs, L., Dzidic, P. L., … & Leaning, J. (2022). Long term mental health trajectories after disasters and pandemics: A multilingual systematic review of prevalence, risk and protective factors. Clinical Psychology Review97, 102203.

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