Preguntas Frecuentes

Es una de las múltiples formas de pedir ayuda ante un problema. Si el sufrimiento es emocional, cognitivo, o comportamental, la psicoterapia es la forma más adecuada de ayuda. Es un espacio seguro dónde la persona, guiada por un profesional, pueda identificar, sentir, y expresar sus emociones, pensamientos y comportamientos para así volver a retomar el control sobre su vida.

Hay muchas razones por las que acudir a psicoterapia: si tienes sensaciones intensas de tristeza, ansiedad, desesperanza, agobio… Si la ayuda de tu entorno no está siendo suficiente, estás paliando el dolor con el uso de sustancias o distractores, convives con una enfermedad crónica, paliativa o de largo recorrido, te estas enfrentando a un gran cambio, has perdido a alguien significativo, sufres conflictos familiares, de pareja o relacionales, sientes que has perdido el control o que estás constantemente en las mismas inercias que no te permiten dar una respuesta adecuada a los conflictos actuales, si sientes que necesitas desahogarte y soltar la emoción que te invade en un entorno controlado y con un profesional, o si tienes dudas sobre tu salud mental o sobre la de alguien cercano.                               

Hay que tener en cuenta también que no, no todo el mundo necesita terapia, y quien la necesita, deberá encontrar el momento adecuado.

Existen diferentes tipos de terapia psicológica y afortunadamente la mayoría tienen validez y respaldo científico.                             

Terapia Sistémica. Desde esta perspectiva, los problemas se entienden de manera compleja y circular y no lineal como en otros modelos, conceptualiza los problemas (como pueden ser la ansiedad, la depresión, las obsesiones o la falta de sueño) como los síntomas de algo más complejo que está ocurriendo. Empodera a la persona que viene a consulta para poder retomar el control sobre su propia vida, entendiendo que nuestro entorno puede favorecer el cambio, o por el contrario, entorpecerlo. Además, es el modelo con menor tasa de abandono terapéutico.                         

Terapia Cognitivo-Conductual y Terapia Conductual: Son los modelos que más literatura científica abarcan. Esto se debe a su reduccionismo y a su técnica para operativizar síntomas e indicadores de mejora, lo que facilita su estudio.

EMDR. Ha recibido muchas críticas ya que en los estudios científicos que la respaldan y explican su eficacia se han encontrado muchos conflictos de intereses y datos sesgados. Sin embargo, la experiencia clínica demuestra que tiene una gran efectividad ante situaciones traumáticas, aunque no se sepa a ciencia cierta cual es su mecanismo de acción.

ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) es un modelo de intervención psicológica basado en la idea de que la inflexibilidad psicológica es central en el sufrimiento individual y en la psicopatología. Conseguir fomentar la flexibilidad psicológica junto con ayudar a vivir acorde a los valores propios son dos de los objetivos principales buscados en ACT. Junto con el Mindfulnes, muy utilizado en enfermedades y dolores crónicos y de larga duración.

Midfulness. Esta práctica de origen budista, junto con técnicas y aprendizajes de la terapia cognitivo conductual, busca desarrollar la sensación de presencia, identificar los pensamientos y las emociones sin juicio y practicar la autocompasión y la aceptación.

Psicodrama. Aunque con menos bagaje científico, el psicodrama es un modelo efectivo que busca encontrar respuestas adaptativas a conflictos nuevos, y respuestas nuevas o conflictos viejos que se repiten. Es uno de los modelos que más técnicas aportan a la psicoterapia. Aunque se trabaja desde la acción y no solo desde la conversación, no debe confundirse con la arte-terapia.

Dependiendo del modelo terapéutico, el malestar, los recursos propios y los objetivos a trabajar, un proceso puede durar o 1 día, o incluso 5 años. En un proceso de terapia breve, por ejemplo, dónde los procesos pueden durar 8 sesiones, una vez alcanzadas esas sesiones y cumplimentado los objetivos se pueden realizar más sesiones para trabajar otros objetivos. O por ejemplo, en terapia psicoanalítica, los procesos pueden alargarse años.

Lo que intentaremos es que el proceso dure lo menos posible y no se alargue de manera innecesaria en el tiempo, que lo adquirido en el proceso sea algo que dure más allá de las sesiones y que una vez terminado el proceso, si vuelves a necesitar de nuestro apoyo, puedas volver a recurrir a nosotros.

Lo que nos dice la literatura científica es que el propio hecho de acudir a terapia permite iniciar cambios, por lo que generalmente, empieza a hacer efecto desde la primera sesión.

Todos los tratamientos que tienen un efecto sobre la salud pueden tener efectos secundarios. En el caso de la psicoterapia, puede haber 4 principales: La aparición de síntomas nuevos, incomodidad con la relación paciente-terapeuta, tener mayor sensación de persistencia en los síntomas y aparición de tensiones en la familia o en otras relaciones sociales a la hora de establecer cambios y nuevas dinámicas.

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